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Tipos de copa para cada vino.


Las formas y tipología de cada copa pueden potenciar o atenuar diferentes características de un determinado vino. Por ello, podemos encontrar diferentes modelos de copa, cada uno de ellos adecuado para un tipo de vino en concreto. En este sentido, podemos llegar a complicarnos prácticamente hasta donde queramos, ya que hay copas diseñadas incluso para determinadas variedades de uva o para beber vinos de una determinada denominación de origen. Pero de manera general, con tres o cuatro tipos de copa diferentes será suficiente para que podamos disfrutar de casi cualquier tipo de vino en condiciones óptimas.
Copa de vino tinto.
Los principales tipos de copas que se comercializan para servir vinos tintos son las de tipo Borgoña y las de tipo Burdeos. Ambas son copas grandes, con bases de cuerpo redondas que permiten que el vino gire correctamente en su interior. Son también amplias, facilitando la oxigenación. La de tipo Borgoña tiene la base algo más abultada y el cuello más cerrado lo que, como ya sabemos, facilita la evolución y la concentración de aromas.
El modelo Burdeos, por su parte, es el tipo de copa más común. Se presenta como una copa algo más estilizada. Su boca, más ancha que en la copa Borgoña, permite que el vino se reparta desde el centro de la boca, minimizando el amargor de los taninos del vino. Esta copa es especialmente indicada para degustar tintos jóvenes y crianza. También puede emplearse para servir vinos blancos secos y blancos con crianza.
Copa de vino blanco.
La copa para vino blanco es muy parecida a la de Burdeos en la forma, pero con un tamaño algo menor en el cuerpo y un tallo más prolongado. La boca de la copa suele ser también más abierta, para potenciar el dulzor en el caso de los vinos blancos más frescos. El tamaño del cuerpo menor evita una oxigenación excesiva del vino y ayuda a que conserven la baja temperatura. Este tipo de copas es perfecta para servir vinos blancos de todo tipo, vinos rosados y algunos tintos jóvenes y afrutados que deban servirse frescos.
Copa para vinos espumosos.
Los vinos espumosos se sirven, por lo general, en copas de tipo flauta. Son copas alargadas, muy estilizadas y estrechas, con tallos también largos y finos. Este tipo de vinos deben servirse fríos, por lo que la forma de la copa sirve para evitar la subida de la temperatura del vino. Por este motivo, el cristal de este tipo de copas es a menudo de mayor grosor que el de las anteriores. Además, esta forma permite que se observe perfectamente la formación y la subida de las burbujas del vino a la superficie, así como que se potencie el frescor de estos vinos a cada sorbo. Este tipo de copas es la más utilizada para servir cavas, champanes y todo tipo de vinos espumosos.
Copa para vinos especiales.
Con los tres anteriores tipos de copa podríamos disfrutar perfectamente de la mayoría de los vinos más comunes. Pero podemos añadir también un cuarto modelo a nuestra colección. Este modelo podría ser el de la copa de Jerez, similar al de la copa para vinos espumosos, pero de menor tamaño y de tallo más corto. También podría servirnos una copa de Oporto, algo más ancha y con la boca más cerrada. Este tipo de copa podría servirnos para disfrutar prácticamente cualquier tipo de vinos especiales: vinos dulces, olorosos, amontillados, etc. Vinos muy aromáticos, dulces, de alto contenido alcohólico, que se sirven normalmente fríos y que ven reforzadas sus características con este tipo de copas.
Ahora conocemos los principales tipos de copas de vino más comunes y sabemos cuál es la más recomendable para cada ocasión.